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CON PERMISO…

Llevo 20 años pensando que le debo mucho a Manu y sería imperdonable por mi parte dejar pasar la oportunidad de darle las gracias. No es fácil hacerlo en persona… Él no es de esos que se recrean en el regalo al oído. Así que, con permiso…
Nunca olvidaré, Manu, aquel día del mes de junio de hace 20 años, llegué al piso aquel de la calle Zurbano… En la entrada, dos teletipos escupían noticias: EFE y la DPA. Yo iba a ser la traductora durante unas semanas. Me pasé casi seis meses peleando con un tal “PLO”, que no tenía ni puta idea de lo que era… Venga a escribir sobre las broncas de Arafat con ese PLO, que no venía en el diccionario de inglés… Hasta que descubrí que era la “OLP”.. En fin, no lo había confesado hasta ahora; pero me sigo muriendo de vergüenza al recordar lo que debían reírse en las redacciones de ciertos periódicos cuando llegaban mis crónicas traducidas. Fue una de las cosas, las muchas cosas, que aprendí a tu lado.
Y cuando digo muchas cosas no me refiero sólo a la profesión: a traducir crónicas del inglés, a redactar noticias, a buscarlas, a hacer reportajes, a entrevistar… En aquellos dos años me enfrenté por primera vez al dilema de especializarme o seguir siendo “bombera”. Tú decías que preferías que continuara actuando como lo segundo, pero la presencia en aquella redacción pequeña y enloquecida de Mariano (Guindal, claro) y lo apasionante que era la información económica en los tiempos de Mario Conde, Carlos Solchaga, las OPAS hostiles entre bancos, las huelgas generales, el grupo KIO, los Albertos, las Koplowitz… Todo eso terminó por inclinar la balanza.
Además, en LID me hice mayor. Eduardo Ladrón de Guevara siempre decía que me había hecho mujer allí; y desde luego tenía razón. Tuve suerte: no podría haber tenido mejor escuela de vida ni mejor padre. Fueron muchas noches de vinos por el barrio que empezaban en Los Morales, plagadas de historias de mujeres imposibles, de guerras interminables, de miserias de este oficio y de aventuras en la otra punta del mundo.
Te conocí terminando mi adolescencia, al menos técnicamente, y ya he consumido la mitad de mi vida. A lo mejor sólo ha sido que yo quería que fuera así, pero he sentido que estos años has estado por aquí cerca. Has aparecido en los momentos más insospechados y cuando pasaba algo importante, personal o profesional, siempre has estado.
Pues eso, que gracias. Ah! Y perdón por una lamentable tarde de mus allí en Brihuega. Es de lo único de lo que me arrepiento de haber vivido contigo.

Belén Ayala


 
         
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