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Mi querido Manu, quería contarte que mi primer recuerdo de
ti viene de atrás, de muy lejos en el tiempo. Fue un buen
día de mi juventud en el que me di cuenta de que me interesaban
tus vividos relatos y tu evocadora escritura. Aquel delicioso entrelazado
sobre el vivir cada día de hombres y mujeres distintos y
distantes.
Enseguida, al interés se sumo la admiración y, después,
el deseo de ser como tu. Pensaba yo, entonces, con la osadía
del principiante, ! que eso era posible!. En el Manu cronista y
viajero veía reflejadas mis dos pasiones: el periodismo y
el viaje.
Que bellos tus ejercicios de observación, que certeras tus
reflexiones, que fina
tu ironía. Tus pequeñas grandes historias de lo social
y lo humano han sido ejemplo para tantos y son borrador para las
futuras generaciones de reporteros. Y, mas que nunca ahora, cuando
el autentico periodismo agoniza.
Cada vez hay mas medios y menos noticias. Mejor tecnología
y peor información. Esta magnifica e imprescindible profesión
nuestra se esta convirtiendo en otra cosa. Las empresas periodísticas
ya no persiguen la verdad sino el negocio. Y, los periodistas ansían
el éxito mas que la excelencia.
Tu nos enseñabas a poner los acontecimientos en su contexto,
nos explicabas con respeto los comportamientos y las creencias de
los seres humanos que te cruzabas en tu camino, nos describías
sus lugares.
Tu sabes entrar en las gentes, cultivar su confianza, seguir su
quehacer. Escarbas, como nadie, entre la hojarasca diplomática
y la propaganda oficial.
Y, además, resulta que eres un buen tipo, humilde y campechano,
donde los haya.
Nada sorprendente, pues, que se te reconozca y se te quiera. Y,
en estas breves líneas a vuela pluma desde Hong Kong, va
todo mi cariño, querido Manu: periodista con alma y escritor
de la vida.
Un beso fuerte, Calaf Rosa MĒ Calaf
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