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Lamentablemente
no podré asistir hoy al homenaje que se le rinde en Bilbao
a Manu Leguineche. A esas horas tengo que estar en Bruselas atendiendo
un compromiso adquirido hace meses. No sabría expresar cuanto
lo siento. Creo que es un reconocimiento muy merecido que tendrá
para Manu cierto carácter de violación de su modestia
pero al mismo tiempo portador de un doble elemento de emoción
que se le volverá inolvidable. Aparte de merecido, el homenaje
incorpora el doble significado de proceder de algunos de sus compañeros
y, quizás lo más importante, de surgir de su propia
tierra, de sus propias raíces.
En los viajes que hemos coincidido, compartiendo a veces dificultades,
angustias y hasta miedos, tuve oportunidad de observar muy de cerca
la profundidad de sentimientos que Manu alberga. Manu acumula dos
valores que no siempre se dan la mano: es un periodista excepcional
y es una gran persona. Y añadiría otro, quizás
eclipsado un tanto por estos dos, también es un gran vasco.
Pocos como él acumulan tantos aspectos positivos como se
dan en la personalidad vasca y pocos como él sienten tanto
cariño y tanta identificación con su tierra a la que
admira y quiere, a veces no sin dolor. Lo ha demostrado muchas veces
en sus trabajos pero sobre todo lo refleja siempre en su actitud
personal hacia la Euskadi que le vio nacer.
Para los periodistas españoles Manu Leguineche es una institución
y un ejemplo permanente a imitar. Su sensibilidad ante la noticia
es excepcional y su capacidad para hacérnosla llegar, a través
unas veces de la crónica, otra del reportaje y con frecuencia
del libro, es extraordinaria. Pero a estas cualidades profesionales
enseguida habría que sumar también su permanente predisposición
a ayudar a los compañeros en él no cabe la
competitividad infantiloide que a veces empaña nuestra relación
en el trabajo ni mucho menos la zancadilla sin renunciar
naturalmente a la competencia cordial y honrada, así como
su vocación para enseñar y estimular a las jóvenes
generaciones profesionales que vienen empujando.
No quiero desaprovechar esta oportunidad para agradecer a cuantos
han ideado y participado en este reconocimiento a Manu Leguineche
por su iniciativa. Y, por supuesto, no quiero desaprovecharla sin
enviarle un fuerte, fortísimo abrazo, a Manu con mi reconocimiento
también por tanto como de él he aprendido, además
de mi felicitación tanto por lo que ha aportado, aporta y
aportará al periodismo español y muy especialmente,
por lo que aún me resulta más difícil y meritorio,
por es ser como es: un amigo y un compañero admirable, realmente
admirable.
Diego Carcedo
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