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MANU
LEGUINECHE
¿Sería mucho aventurar decir que Manu Leguineche sintió
desde muy joven un deseo irreprimible por salir de sí mismo
hacia la vida? ¿Tal vez quería con ello hacer de lo
inmediato motivo de recuerdo, para vivirlo dos veces? ¿A
esto deberíamos llamarlo grato y cordial pantagruelismo del
puro vivir?
Contemplar las cosas corrientes no es su modo de vivir. Eso queda
para nosotros, paralizados e inamovibles viajeros en tierra. En
los aconteceres bélicos, tumultuosos, aventuristas aventurables
o simplemente aventureros-, repleto de situaciones límite,
ahí es donde Leguineche encontraba la verdadera vida. Otros
han conseguido con mucho menos méritos llegar a la Academia
de la Lengua...
Mas la Academia de la Vida guarda un puesto privilegiado para el
vasco Leguineche. Para entrar en esta Academia es preciso apartarse
del rebaño aunque ese rebaño sea de oro y diamantes-
y vivir de acuerdo con los frutos que depara la individualidad más
exigente, tal la grácil sentencia difundida por Oscar Wilde:
Todos estamos en la cuneta; pero algunos miramos las estrellas.
José Luis Merino
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