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EL OYENTE

Manu en el corazón

«Querido Manu: al fin he podido enterarme de qué te pasa y de cómo estás. Tu decoro para no manifestar tus males es casi, casi, una virtud. Yo te deseo que recuperes esa salud perdida, como dicen que la he recuperado yo, aunque no es cierto...»
Miguel Delibes envía hoy esta carta, con su propia voz, desde el programa Siluetas de RNE, a las tres de la tarde, a su querido hijo adoptado, discípulo y amigo. Minutos antes, Vicente Romero, a quien Manuel Leguineche, Manu para los amigos, llama hermano, le escribe otra que empieza así:
«El mejor enviado especial que ha dado el periodismo español es ahora como un viejo león herido, postrado en su lecho, recuperándose de una delicada intervención quirúrgica, pero sus males son físicos y no padece esa enfermedad profesional de la nostalgia que amenaza a quienes han vivido tanto y tan intensamente como él».
Guernica (1941), estudios de Derecho y Filosofía en Deusto, El Norte de Castilla con Delibes, Umbral, Martín Descalzo y tantos otros, peleas con los grises en Madrid y, tras una noche de vino y de mucho cantar con cuatro locos estadounidenses y un fotógrafo suizo amigo suyo, la primera vuelta al mundo, de la que nos ha dejado el mejor de sus 47 libros: El camino más corto. «Es lo más importante que ha ocurrido en mi vida», reconoce el autor».
Desde entonces, primeros años 60, hasta la Guerra de Irak fue testigo de todas las guerras importantes. «Dice Freud que uno viaja para escapar del padre», cuenta Manu. «En mi caso creo que lo calcó».
Segunda guerra indo-paquistaní, en la que fue detenido como espía de Pakistán, Vietnam, Oriente Próximo mil veces, el Sáhara, Centroamérica... Ellacuría. «Le conocía de Deusto, paisano vizcaíno (...), mandé un equipo, pero no llegó a tiempo», explica. «Tal vez todo hubiera sido igual».
Entre guerra y guerra, Colpisa, Cover, Lid, radio, televisión y miles de artículos en docenas de revistas y de periódicos por los que ha recibido casi todos los premios: Cirilo Rodríguez, Reporter, Julio Camba, Ortega y Gasset, el Nacional de Periodismo... No los recuerda, dice, tampoco los libros. «No soy filatélico», confiesa.
Sí recuerda la armonía de Delibes en los amaneceres de Castilla, escopeta al hombro, siguiendo al perro. ¡Cuántos reportajes compartidos! No tiene consejos para los jóvenes, sí para los viejos: necesitan buena gente que los dirija, nada más. Recuerda también los viejos trenes y se arrepiente, siempre solitario a pesar de su legión de amigos, de los muchos amores renunciados, casi siempre por otra guerra o el siguiente reportaje. «Creo que he sabido aprovechar la vida», confiesa al final.
«Quiero que tengas ánimo, ganas de vivir, y que procures por todos los medios mejorarte e ir progresando poquito a poco, como estoy yo», le pide Delibes. Gracias a Manuel Ventero, Pepa Chacón, Pedro Jurado y Juan Fernández, todos podemos aprender hoy de Manu, de Romero y de Delibes.

LUIS OZ (Felipe Sahagún)



 
         
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