Cabecera
 
Premios Libros Estudios/Informes Kazetariak on-line Bilbao 700 Servicios Organizaciones Contactar Ruedas de Prensa Cursos Medios Organizaciones Bolsa de Trabajo
 

En el periodismo español, sólo hay un Manu. Es curioso hasta qué punto una personalidad puede llegar a imponer su nombre por encima del apellido y yo creo que ello se debe antes a la calidad humana que al talento. A Manu le sobran ambas cosas, desde luego. Pero siempre se sobrepone, por encima de todo, ese Manu que nos toca el alma. Manu es mucho Manu.
Es difícil escribir sobre alguien a quien consideras como un hermano. Porque él y yo lo somos. O quizás más que hermanos, ya que hay lazos de sangre mucho más débiles que los lazos de la amistad. A un hermano no lo escoges y al amigo sí. O él te escoge a ti. Y es nuestro caso. Hemos cazado y pescado juntos, jugado al mus, soplado en mil tabernas del mundo y recorrido unas cuantas geografías atormentadas por la guerra o, en ocasiones, sencillamente bellas. Y sobre todo, nos hemos reído hasta que nos dolían las tripas, sobre todo de nosotros mismos, que es la forma más inteligente de reír.

Manu es probablemente el mejor reportero español de la mitad del siglo pasado, sencillamente porque durante casi cincuenta años estuvo en los lugares en donde algo sucedía porque sentía el deber de contarlo. Si se considera, y esa es mi opinión, que el género rey del periodismo no es otro que el reportaje, pues Manu sería el mejor periodista español de ese medio siglo. A mi no me sonroja decirlo.
Es curioso que su último libro se llame “El club de los faltos de cariño”, una asociación que por lo visto fundó hace años con un grupo de amigos. A mí me suena a pura coquetería, porque si hay alguien a quien le sobra el cariño de los otros, ese es Manu. No conozco a ningún periodista –en una profesión en donde vuelan las navajas y las flechas- que concite tanto afecto y admiración como él. De Manu, casi nadie habla mal. Y yo creo que, quienes lo hacen, están pagados por él. ¡Porque hay que tener algún enemigo, diantre!.

De pequeño tenía el cerebro de un viejo y ahora, cuando ya camina hacia la vejez, tiene el corazón de un niño. Manu mira el mundo con ojos infantiles, para comprenderlo y contarlo bien; pero tiene en el alma una enorme dosis de escepticismo, como los ancianos, porque conoce mundo como pocos.
Manu, si se lo pides, te lo da todo. Y en él, la generosidad se torna casi un defecto, porque hay quien ha sabido abusar a fondo de su alma. Por eso, quizás, se refugia en una timidez que nos asombra ver en alguien tan corrido.

Manu es mucho Manu, ya digo.

JAVIER REVERTE.



 
         
Página anterior | Subir | Página principal
 
© Asociación de Periodistas de Bizkaia 2000. Prohibida la reproducción sin consentimiento por escrito