|
CARTA
A MANU
Hola, profesor, ¿cómo estás? ¿En qué
sueños militas estas noche? ¿De qué guerra,
de cuál dolor, de cuánto silencio nos habla tu última
crónica, tu último reportaje? Llevo un tiempo buscándote
en rincones imposibles, llevo un oficio entero encontrándote
en lugares impensables. Tu sombra me acompaña por los suburbios
de Beirut, por los campos de refugiados palestinos, por las calles
de Bagdad, por las montañas de Afganistán, por los
ríos de Bosnia, por las mezquitas de Pakistán, por
la eternidad de Jerusalén, por los muros (tantos muros) del
odio, por los volcanes de Guatemala y Nicaragua, por las selvas
de la Amazonía, por el malecón de La Habana
¿Y qué decirte que no suene a tópico, que no
te hayamos dicho ya tantos, que no te resulte el eco de un elogio
manido y gastado? Sólo puedo contarte que te echo de menos,
que hace ya algunas crónicas que te extraño en estos
rincones por los que hemos vagamundeado con nuestra libreta y nuestra
urgencia a cuestas, sin apenas tiempo para detenernos a anotar que
nos falta un último abrazo, sin aliento casi para decir hasta
luego a los amigos, sin respiro para agradecer, para agradecerte,
la lección sobre algo que importa aún mucho más
que el periodismo: la vida misma. ¿Qué, has vuelto
a lanzar un órdago a la grande con dos sietes? Lo veo, amigo,
compañero, maestro
Fran Sevilla
|