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La
patria de Manu Leguineche
Me he alejado para estar más cerca, responde
Manu Leguineche a uno que le pregunta por qué ha espaciado
sus visitas al País Vasco. En esa frase resume en su último
libro, El club de los faltos de cariño, su nostalgia de vizcaíno
errante. Salió de casa muy joven, pero nunca se olvidó
de la ría de Gernika, de las olas del Cantábrico,
del arco de San Mamés. Me he pasado años en
guerras, tifones, terremotos, golpes de Estado, manipulando la radio
de onda corta para saber lo que había hecho el Athlétic,
nos dijo a Santiago Segurola y a mí en las Conversaciones
en la Catedral que mantuvimos los tres el año del centenario
del Athlétic y que luego se publicaron en un libro. Muchos
vizcaínos del siglo XX comparten esa experiencia de desterrados
de diversa especie: calcular la diferencia horaria, los domingos
por la tarde, para conectar la radio en el momento oportuno.
De todas las historias rojiblancas que nos contó aquellos
días de 1998, la que yo a mi vez cuento cada vez que hablo
de Leguineche es la de su frustrado debut como periodista deportivo.
Mauri, jugador del Athlétic de los años 50, era de
Gernika, cerca de la casa de Manu, y a veces le llevaba en su coche,
un 600, a los entrenamientos en San Mamés. Sabiendo que quería
ser periodista, Mauri se ofreció para conseguirle una entrevista
con Carmelo, el guardameta internacional del Athlétic. Manu,
que tenía 14 años, estaba en la tribuna, esperando
a que subiera el jugador. Cuando llegó se dirigió
a él con estas palabras: Chaval, has visto por aquí
algún periodista. Me sentí tan avergonzado
nos contaba Manu 43 años después- que le dije:
no, no veo ninguno. Claro, añadía,
yo todavía llevaba pantalón corto
Otra experiencia que nos contó fue la de sus sueños
de seguidor del Athlétic. Sobre todo aquellos en los que
intentaba remediar los fallos del delantero: volver a tirar el penalti
fallado, o rematar de cabeza, ahora hacia el otro lado. En la parte
que le toca, Manu dedica el libro que hicimos a su padre, que se
llamaba como él. Y en sus páginas rememora cómo
adivinaba si el Athlétic había ganado o perdido por
el humor, cariñoso o de perros, con que su progenitor llegaba
a casa, en Beléndiz, los domingos por la noche. Y la primera
vez que su padre le llevó a San Mamés, hacia 1948,
en partido que el Athlétic gano 2-0, aunque no recuerda contra
quién.
Al final del libro cada uno de nosotros daba su alineación
ideal del Athlétic. La de Manu Leguineche es ésta:
Iribar; Orúe, Garay, Canito; Mauri, Maguregui; Iriondo, Panizo,
Julen Guerrero, Rojo y Gainza. Y como suplentes, Bertol,Uriarte,
Arteche, Sarabia y Carmelo o Zubizarreta. Nombres que combinan cromos
de distintas generaciones y que unen con un hilo invisible las sucesivas
edades de quien hace la selección. Con claro predominio de
los héroes de la infancia. Porque si la patria de cada uno
es la infancia, la de Manu Leguineche termina por ser el Athlétic.
Así pues, aúpa Leguineche.
PATXO UNZUETA
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