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Manu, querido solitario

Manu Leguineche es una rara avis en el universo periodístico español, también en el de más allá. Le quieren incluso quienes le conocen, y en este oficio el afecto suele ser proporcional a la distancia, porque no abunda la benevolencia, más bien la exigencia y el desdén. Tengo comprobado que a la hora de elogiar y premiar los periodistas españoles tienden a preferir a los distantes, a los aficionados al oficio más que a los profesionales. Con Manu no ocurre, a él se le respeta como ser excepcional.
Manu se dice solitario, seguramente lo es, y quizá no le disgusta del todo, sobre todo si compara. Probablemente es fruto de la inteligencia y de una cierta pereza hija de la confianza. En eso se parece a otro de los especiales, Luis Carandell, que ya en la recta final, cuando la profesión se pintaba de colores por parroquias, facciones o banderías, me decía “los fronterizos estamos más solos que la una”. Y tenía razón, mantener las propias convicciones y tolerancias, sin tener en cuenta colores o preferencias, conduce a la soledad y cierta marginación o a algo peor. Manu pertenece a los fronterizos, pródigo en sensibilidades y personalidades, más local y de varios lugares que nacional con insignia, aunque sufra por su club, y disfruta cuando y donde se siente bien tratado.
Pocos colegas logran el consenso unánime de respeto como Leguineche, de quienes le conocen bien y de quines ni siquiera han leído sus crónicas o saben algo de su trayectoria. Sostengo que personas como él nos hacen mejores a todos, extienden buena reputación y nos apelan a todos los demás colegas a evitar desmesura y a apreciar el buen trabajo.
Leguineche nos ha legado una gran obra en muy distintos formatos y nos lega también sus conclusiones profesionales y personales, fruto de haber visto y vivido mucho. Y lo ha hecho con la modestia de los grandes, de los que siendo excepcionales prefieren pasar como uno más, quizá con algo de fortuna fruto de la casualidad.
Los homenajes que compañeros de muy distintas sensibilidades y orígenes venimos ofreciendo a Manu Leguineche son todos merecidos, necesarios y útiles para esa autoestima colectiva, de la que tan necesitados estamos.

Fernando González Urbaneja


 
         
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