|
EL
CLUB DE LOS AFORTUNADOS:
Manu Leguineche fundó hace cuatro décadas El
club de los faltos de cariño y lo hizo con un montón
de buenos amigos, lo que no deja de ser una jocosa contradicción.
Y ahí sigue. Con la publicación de su último
libro y van más de 30- que lleva el título
del club, algunos lectores se asombran de que un autor que elige
una denominación tan melancólica sea con toda seguridad
el periodista más querido del país. Querido con mayúsculas,
por tirios y troyanos. Es este, el de periodista, un oficio con
sus satisfacciones y a la vez uno de los que despierta más
vanidades, envidias y recelos. Sin embargo aquí está
la excepción: es Manu. El periodista y escritor que sin esfuerzo
consigue el acuerdo unánime de sus colegas, que nos hacemos
lenguas para elogiar y admirar su trabajo y su persona.
Somos un buen montón los que hemos obtenido los dones de
su amistad, de su oficio, de su compañía. Le hemos
visto quitarle importancia a un viaje hacia el frente en un tren
vacío con un revisor borracho de pánico, escribir
como los ángeles artículos de fondo, entre apagones
y alarmas de bombardeo, que dejan al lector en estado de gracia,
es decir, informado, complacido, impresionado. Nunca lo hará,
porque Manu es tímido y modesto, pero podemos imaginar las
clases magistrales de periodismo abarrotadas de oyentes para escuchar
sus disertaciones si alguna vez se decidiera. El artículo
del loro mascota secuestrado en un arrasado Beirut, la historia
bélica yugoslava a través de la de los campanarios
de sus iglesias, el sordo chop, chop, chop de las palas
de los helicópteros en Vietnam o Centro América, los
grandes personajes internacionales. Todo eso aderezado con grandes
dosis de humanidad, cultura y sensibilidad son sus crónicas
y sus libros. Siempre busca la opinión del taxista, de la
vendedora de tomates, de la maestra de aldea. Sus palabras encuentran
ecos de tinta junto a las de presidentes y líderes mundiales.
Dices que un buen periodista solo necesita un lápiz y una
libreta y si le apuras una cámara de fotos. Campechano, de
buen humor, cariñoso...lo que no sabes es que entre todos
hemos creado otro club...El club de los afortunados
somos socios tus colegas, amigos, el taxista, el guerrillero, media
ONU y hasta el loro de Beirut. Todos los que tenemos la fortuna
de conocerte. Un club del que hasta Groucho Marx daría un
brazo por pertenecer...¿O no es ya socio honorífico?
Paco
Valderrama
|